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Helmut Newton, la mirada que lo cambió todo

Raquel Fernández
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Helmut Newton, Sigourney Weaver, Los Angeles, 1983 © Helmut Newton Estate

Helmut Newton, Sigourney Weaver, Los Angeles.

Aquellos que no crean en el destino tendrán dificultades a la hora de entender la carrera de Helmut Newton. Pero él, con su obsesión por las mujeres y su capacidad de observación, estaba destinado a ser un gran fotógrafo. Eso sí, como en las grandes historias de amor, su relación con la cámara pasó por buenos y malos momentos. Se enamoró de ella durante su adolescencia en Berlín cuando fue ayudante de la fotógrafa Yva, antes de tener que huir de su país por la amenaza nazi. Entonces, el destino hizo de las suyas y en lugar de viajar hasta China, se bajó del barco en Singapur. En los dos años que pasó allí, se dio cuenta de dos cosas: que no valía como fotógrafo periodístico, y que su pasión por las mujeres nunca sustituiría a la que sentía por la cámara. El estallido de la guerra motivó su traslado (por obligación) a Australia, donde serviría durante 5 años como soldado (también por obligación). Después, en Melbourne, retomaría su trabajo como fotógrafo retratista y conocería al (otro) amor de su vida: Jane Brunell. Ella fue su compañera, su mejor apoyo y su aprendiz, ya que tras años de matrimonio comenzó una carrera como fotógrafa usando el nombre de Alice Springs.

'World without men'.

El fotógrafo australiano está considerado uno de los más importantes del siglo XX.

Pero volvamos a Newton, que de nuevo pegado a una cámara, tuvo una serie de aciertos fundamentales. Uno de ellos fue no esperar hacerse rico a costa de sus fotos. Obviamente acabó siéndolo, pero no tener ese tipo de aspiraciones hizo de él la figura en que se convertiría. Otro fue hacer lo que le dio siempre la santa gana y no obedecer ninguna orden. Cuando lo intentó, nunca funcionó: trabajando para Harper’s Bazaar en tiempos de Diana Vreeland no fue capaz de hacer una foto decente. El estilo de la revista y el de su directora, simplemente, no iba con él. Fue en París donde encontró su voz en el mundo de la moda. Y qué voz.

Le acusaron de hacer pornografía, de soez y de transgresor. Probablemente fue todo eso y algunas cosas más, pero fotografió a las mujeres como nadie lo había hecho antes: poderosas, misteriosas, fuertes y sexuales. Sobre todo sexuales. Creó su propio estilo (posteriormente bautizado como ‘porno chic’) y con él, su propia escuela.
Hoy se inaugura en la Helmut Newton Foundation de Berlín la muestra Helmut Newton: Permanent Loan Selection, dividida en tres partes: retratos, desnudos y moda, en la que se recogerán más de 200 imágenes tomadas por el fotógrafo entre las décadas de los 70 y los 80. Incluye, también, una "habitación de los contactos", en la que se podrá apreciar mejor el método de trabajo de Newton.

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