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Cuando la clave de una colección está en el estilismo (y no en la ropa)

Una teoría que demuestran con creces desde las veteranas Marie-Amélie Sauvé en Louis Vuitton a Katie Grand en Miu Miu u Olivier Rizzo en Prada, cuyo sello ha contribuido a crear marca, pasando por la estilista del momento, Lotta Volkova, en Vetements y Balenciaga entre otras firmas.

Laia Cenea
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Arnaud Vaillant y Sébastien Meyer se pusieron al frente de la mítica casa francesa Courrèges con la (buenísima) intención de recuperar algo de visionario espíritu de su fundador -monsieur André Courrèges-, hace un par temporadas. Arnaud y Sébastien acababan de ser nombrados finalistas del premio LVMH y dejaron la firma que los clasificó -Coperni- de lado para centrarse en este ambicioso proyecto de revivir otra histórica maison, como viene pasando últimamente con Mugler o Rabanne. Para su primera colección decidieron subir a la pasarela una selección de piezas icónicas, mayormente chaquetas y minifaldas, que colocaron sobre unas modelos a modo de lienzo en blanco vestidas todas con idénticos bodis para cederle todo el protagonismo a las prendas. Tres tibias colecciones después, Vaillant y Meyer han retomado esa misma estrategia de centrarse en el diseño de básicos, pero cambiando el desfile por un catálogo digital en el que sus amigos, casi todos profesionales de la moda, se han ocupado del estilismo de las modelos, cediéndoles su propia ropa. De unas zapatillas Vans a camisetas vintage, tejanos o sudaderas. Con ello, el resultado es completamente distinto y demuestra que el contexto lo es todo. Así, a través de los estilismos es como la ropa cobra vida y encuentra su máxima expresión, se dota de actitud. En ocasiones algo disparatada -visto en las pasarelas de otoño 2017: mantas que son chales en Céline, cazadoras que se llevan a modo de capa en A.P.C, chaquetas que se ponen y abrochan al revés en Acne Studios...-, pero es que este juego de equívocos y este giro hacia lo absurdo es que al final le está devolviendo a la moda el sentido de la novedad. Que se lo digan a Vetements o Balenciaga. Los puntos en común entre el estilo de ambas firmas no solamente son mérito o demérito de Demnga Gvasalia. En ello tiene mucho que ver la surrealista visión de la estilista -amiga del alma y que también hace las veces de modelo y directora de casting, de ahí que se suba a la pasarela- Lotta Volkova. Si esta temporada además habéis notado que lo diseños de Johnny Coca en Mulberry tenían cierto aire a Gvasalia, es por su inconfundible sello. El mismo que el pasado febrero le daba un giro a las propuestas de Emilio Pucci, con una puesta en escena a nivel estilismo mucho más desafiante y actual que en anteriores ocasiones.

El estilismo marca sobre todo la diferencia cuando hablamos de marcas cuya ropa no habla por sí sola (véase Fenty Puma y similares, esta última cuyos estilismos corren a cargo del belga Tom Van Dorpe bajo la supervisión de Rihanna), o aquellas con poco recorrido, como Sies Marjan (cuyo estilo se ha forjado a la sombra de la ubicua Volkova) o Eckhaus Latta (en cuyo meteórico ascenso tiene mucho que ver Camille Bidault Waddington). En este sentido, hoy en día el efectismo que requieren las colecciones para tener visibilidad bebe mucho de lo que vemos en la calle.  La suiza Ursyna Gisi, sin ir más lejos,  es toda una estrella del street style y se ocupa de perpetrar los looks de una de las firmas que han revolucionado la escena parisina: Y/Project (en su desfile de Otoño-Invierno 2017 los abrigos se llevan colgando del brazo, lo que no deja de ser el siguiente paso a llevar los anoraks escurridos a la altura de los hombros). Otras, como Veronika Heilbrunner, han trasladado su estilo a pasarelas menores a propósito de marcas como Holzweiler; o Leandra Medine cuyo toque personal es uno de los reclamos de Rosie Assoulin. También Danielle Nachmani, hermana de unas de las blogueras con más tirón en Instagram, Something Navy, que se ocupa de la imagen de una de las marcas más cool de Nueva York: Hellessy.

En otro orden de cosas, la mayoría de los estilistas profesionales compaginan su tarea en las marcas con trabajos en revistas y puestos editoriales. Además del de Carine Roitfeld, es el caso de la veterana y reputadísima Katie Grand, editora jefe de Love y mano derecha de Marc Jacobs y Miuccia Prada; Alastair McKimm, director de moda de i-D y estilista de Saint Laurent; Stevie Dance, que trabaja junto a Virgil Abloh en Off-White y es el director de moda de POP Magazine; o Beth Fento, exdirectora de moda de la revista Muse que ahora se ocupa de los estilismos de TopShop dentro y fuera de la pasarela.

Carine Roitfeld
Katie Grand
Marie-Amélie Sauvé
Joe McKenna
Camille Bidault Waddington
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