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43 años de insolencia. Felicidades, Kate Moss

Se hizo un hueco cuando aún reinaban las grandes tops de los 90, y con su cuerpo delgado y menudo abrió la brecha a toda una nueva generación de maniquíes. Repasamos la vida en imágenes de 'La Amazona' de Croydon.

Vicente Benavent
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Katherine Ann Moss –Kate para el mundo entero– nació en Croydon el 16 de enero de 1974. Desde entonces, y ya van 43, ha pasado más tiempo delante de las cámaras que detrás. Y lo curioso del caso es que ha conseguido llegar a los más alto (y mantenerse) sin apenas mediar palabra; doble pirueta mortal. Pocas descripciones de Moss son tan acertadas como la que dio Guy Trebay en The New York Times: la Garbo de la moda. Porque el mito de la chica rebelde –e infinitamente bella– ha ido creciendo solo, sin declaraciones ni demasiadas entrevistas.

Su físico no es propiamente el que se le presupone a una gran top model; al menos no a una de las grandes divas de la pasarela en los 90, cuando la perfección en las medidas era un menester de obligado cumplimiento para una maniquí. Más bajita, más delgada y con unos (infrecuentes) brazos más contundentes que el resto de sus compañeras, Moss dio al traste con tanta belleza ideal y abrió la puerta a nuevos cánones. Para cuando la subversión del heroin-chic gozaba de la mejor publicidad, ella estaba ahí; justo en el centro de la diana. Se mantuvo como referente de las pasarelas para el cambio de siglo, y empezó los 2000 como una caja de Pandora de las tendencias. Con una inclinación (malsana o no, eso depende del tono de quien haga la lectura) por la libertad, el punk y la vida al límite, “Kate Moss conserva ese aura como de animal, de espíritu libre”– en palabras del fotógrafo Jurgen Teller.

Su rostro es irregular, imperfecto, con una nariz torcida y los dientes desordenados, los ojos desiguales y muy rasgados y los pómulos tan prominentes acentúan su quijada afilada. En cambio ella para, posa, mira fijo a la cámara y se obra el milagro. La profesión al unísono está rendida a sus pies, desde fotógrafos a editores todos suspiran por una sesión con la díscola maniquí británica. Madre de Lila Grace –hija de su relación con el editor Jefferson Kack– fue la novia de Mario Sorrenti, Johnny Depp, Pete Doherty y la esposa de Jamie Hince. Fue descubierta por Corinne Day y pronto aupada al estrellato por Calvin Klein, Alexander McQueen y John Galliano la situaron como la joya de sus desfiles, y cerró la década de los 2000 con las mejores campañas de publicidad tras el escándalo con la cocaína. Ahora cumple 43 con la edición reciente de un libro que repasa lo mejor de su carrera y todo apunta a que aún queda Kate para rato.

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