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Cómo sobrevivir a la fiesta de Navidad más flamenca de la historia

El fotógrafo Gerard Estadella se coló entre bambalinas de La Bulería para inmortalizar una noche de vino, claveles y flamenco de la mano de Pitingo y Julia de Castro. Lo que no aparece aquí, es historia.

Paloma Abad
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Beatriz Moreno de la Cova y María Fitz James
Daniel Duboy y Alfonso Bassave
Eugenia Ortiz y Lulu Figueroa
Andrés Aberasturi con su mujer Ana
María Escoté y Pelayo Díaz
Teresa Astolfi

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“Tenemos jamón, tortilla y flamenco. Nada puede salir mal”. Con estas palabras, el maestro de ceremonias Miguel Ángel Muñoz, daba por inaugurada la fiesta navideña de inspiración flamenca que Harper’s Bazaar ofreció anoche en el tablao madrileño La Bulería en honor del embajador estadounidense, James Costos, y su pareja Michael Smith.

El tablao, en el que Valentino Garavani celebró su cumpleaños en 2015, se volvió a transformar en un desfile de moda flamenca. Cósima Ramírez desempolvó un traje de sevillana ecológico de Ágatha Ruiz de la Prada (“hecho con retales de colecciones pasadas. En la Feria de Sevilla me paraban para preguntarme por él”, relataba en un aparte de la fiesta). Mónica Cruz, que llegó de las primeras y bailó sin desfallecer hasta bien entrada la madrugada, añadía un corsé a su vestido negro con falda de volantes. Por su parte, la modelo Cristina Tosio buceó en las últimas propuestas de Jorge Vázquez hasta dar con unos pantalones y una chaqueta con pompones negros cosidos. “Estamos en estas fechas complicadas en que es tarde para la colección de otoño y demasiado pronto para la primavera.”, lamentaba. Los sombreros cordobeses que decoraban el local (y algunos de los claveles con los que Luis García Fraile había creado las bolas del árbol navideño que coronaba la sala) sirvieron al resto de asistentes como accesorios improvisados para asegurar el toque aflamencado de sus estilismos.   

Curiosamente, no se habló ni de política ni (casi) de moda. Más en todo caso de belleza y lujo, ya que las palabras de Estée Lauder ("todas las mujeres quieren un poco de lujo en su vida") resonaban entre algunas de las preguntas a las invitadas. Pero en los corrillos lo que más se comentaba, cerveza Alhambra en mano, eran los planes navideños. La modelo Marta Ortiz, infinitamente alta y vestida con una falda de cuero de Uterqüe y una camisa de lunares, anunciaba las ganas que tenía de regresar a su Valencia natal, “aunque no estaré más de una semana”, puntualizaba. Por su parte la diseñadora María Escoté confesaba que se moría de ganas de llevar a sus hijas a su casa en Barcelona para que disfrutaran de las fiestas en familia, igual que ella lo había hecho en su infancia. Y la psicóloga Eugenia Ortiz, hija de Bertín Osborne y Sandra Domecq, recordaba con su prima, la pintora Lulú Figueroa, cómo era la Nochebuena cuando se juntaban en casa de la abuela más de 40 comensales para dar buena cuenta de un gran pavo relleno y una amplia variedad de tartas.  

El silencio sepulcral se impuso cuando Pitingo subió al escenario. Costos y Smith, en primera fila junto a Eugenia de la Torriente, directora de Harper’s Bazaar, y Carolina Herrera de Báez, palmearon con el onubense en el mismo instante en que este se arrancó por bulerías. A continuación, el grupo De La Puríssima, con su cantante Julia de Castro puso la nota anglófila, con la venia de Luis García Berlanga, al entonarles el muy español Bienvenido Mister Marshall ("Os recibimos americanos con alegría. Olé mi madre, olé mi suegra y olé mi tía"

A ritmo de reguetón, salsa y grandes clásicos de ayer, hoy y siempre, el dj Mickey Pavón (que estrenaba orgulloso una camisa con osos panda recién comprada en Sidney) puso todo su empeño en subir al respetable a la pista durante lo que quedaba de velada. Tomen nota de quienes bailaron con pasión: Carmen Lomana, Pelayo Díaz, Topacio Fresh, Josie, Mónica Cruz, Carolina Herrera de Báez, Brays Efe o Sita Abellan, entre otros. Eso sí, en la selección musical Pavón recibió la ayuda del señor Smith, que lo mismo le encargaba temas clásicos al estilo Dolce Vita que demostraba su total integración en la sociedad española moviéndose al ritmo de La Bicicleta o Mi gran noche. Y olé.

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