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Hablemos de San Junípero, el mejor capítulo de Black Mirror

AVISO: Este artículo contiene espoilers. Si ya has visto el cuarto episodio de la nueva temporada de la serie, adelante, sigue leyendo. Si no lo has hecho (y has conseguido que nadie te lo haya espoileado ya), para aquí y póntelo cuanto antes.

Deo Aguilar
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Hablemos de San Junípero, el mejor capítulo de Black Mirror

Yorkie (Mackenzie Davis) y Kelly (Gugu Mbatha-Raw), en una escena de San Junípero.

¿Cuál es tu capítulo preferido de Black Mirror? Con cada temporada, viene esa pregunta inevitable. Las listas de peor a mejor y del preferido, del episodio que brilla por encima de todos los demás. San Junípero es la joya de esta tercera entrega de la serie, la historia que, a través de una maravillosa historia de amor, consigue enfrentarnos una vez más al mayor de nuestros miedos: la muerte y el terrible anhelo de inmortalidad.

(INSISTIMOS: De verdad, esto está lleno de espoilers. Si no lo has visto, para de leer ya, te la vamos a destripar entera).

Es importante llegar virgen a San Junípero. Lo es con todos los episodios de Black Mirror, pero sobre todo con esta historia que empieza en 1987 y acaba contigo preguntándote si tú, a pesar de todo, también eligirías ESO. Ahí está el gran truco de Charlie Brooker, su creador: salirse del tono distópico y pesimista habitual de la serie, para mezclar la nostalgia con el amor y ese deseo de vivir para siempre innato en el ser humano.

Decíamos que es una historia de amor, la de Yorkie (Mackenzie Davis, la hipnótica Cameron Howe de 'Halt And Catch Fire') y Kelly (Gugu Mbatha-Raw, a la que también podemos ver en 'Easy', otra serie recién estrenada en Netflix). La pareja, de química extraordinaria, se conoce un sábado por la noche en un pueblo extraño, un sitio impersonal y decadente como sólo pueden serlo los lugares vacacionales. Son los 80 y suenan Simple Mind, Madonna y Belinda Carlisle (ese Heaven Is A Place On Earth, con el que empieza y termina el capítulo, nunca te había pellizcado tanto). Esto es, como explica al final Kelly, "una terapia de nostalgia inmersiva".

Y ellas se enamoran. Se conocen en una discoteca, el Tucker's, entre máquinas recreativas y luces de neón. Yorkie es exageradamente tímida y tú aún no sabes por qué, pero intuyes que debe ser por algo importante. Cada palabra lo es en los guiones de Black Mirror, ninguna es arbitraria en sus diálogos. Todas esas frases sueltas acabarán por cuajar.

Y cuajan. Poco a poco, las dos protagonistas te obligan a estar pendiente de todos los detalles. Luego entenderás la cara de espanto de Yorkie la primera vez que entra en  el Tucker's, cuando el chico raro de los recreativos le propone una partida al Top Speed y en la pantalla del juego sale un accidente de coche.

 

Encaja también (¡y de qué manera!) Girlfriend in a Coma, la canción de The Smiths que suena mientras se mira en el espejo, en esa escena probándose modelitos que tanto recuerda a los videoclips ochenteros. Todos los temas musicales que salpican San Junípero importan tanto, son tan oportunos y están tan cuidados, tan medidos, que ya hay una playlist en Spotify con las 40 canciones que salen o tendrían que haber salido en el capítulo.

Y de repente, hacia la mitad del episodio, Yorkie dice la frase que lo cambia todo:

-¿Cuántos están muertos?

Ahora ya no es sólo una historia de amor. Es algo más. Estás a punto de descubrir que San Junípero es ese limbo digital donde los hombres pueden huir de la enfermedad y de la muerte. Si la vida es demasiado dolorosa, puedes tener otra mejor en San Junípero. Si no quieres desaparecer, puedes seguir siendo en San Junípero.

Parece una ilusión, ciencia ficción, cuando quizá no lo sea tanto. La inmortalidad en el mundo digital no es sólo cosa de Black Mirror. Webs como Eterni.me ya se han preocupado por procurarnos cierta trascendencia a la muerte. Este invento, según aseguran sus creadores, puede reconstruir a una persona digitalmente después de su fallecimiento. Eterni.me recogería tus registros, tu información en redes sociales, fotografías y mails y utilizaría todo eso para reconstruir todos tus recuerdos y gestos una vez hayas fallecido. Un invento con inquietantes similitudes con San Junípero y con Ahora mismo vuelvo, el primer episodio de la segunda temporada en el que una mujer reproducía a su marido muerto en un androide.

EL DILEMA MORAL

Borges: Dígame, ¿cómo ha estado últimamente?

Rulfo: ¿Yo? Pues muriéndome, muriéndome por ahí.

Borges: Entonces no le ha ido tan mal.

Rulfo: ¿Cómo así?

Borges: Imagínese, don Juan, lo desdichados que seríamos si fuéramos inmortales.

Rulfo: Sí, verdad. Después anda uno por ahí muerto haciendo como si estuviera uno vivo.

Esa famosa conversación se dio en 1973 entre Jorge Luis Borges y Juan Rulfo, cuando el argentino tenía 74 años y el mexicano 56. Y vueltas a leer ahora, hay entre esas líneas algo de San Junípero.

El capítulo coquetea con la idea de felicidad mientras te deja con ese terrible dilema moral. Un dilema que te golpea en forma de bofetón, el que le suelta Kelly a Yorkie cuando se acerca el final del capítulo. La ilusión de la eternidad, de su inevitable ceguera y desprecio por la finita, dolorosa y auténtica vida humana.

Kelly da una bofetada a Yorkie cuando ésta falta el respeto a la memoria de su hija y de su marido muertos; porque ella ya vivió. Yorkie no, ella lleva 40 años postrada en una cama, desde los 21. Pero Kelly sí tuvo una vida plena. Aunque acalló su atracción hacia las mujeres, compartió toda esa vida ("todo ese vínculo, el compromiso, el hastío") con el hombre que amaba durante 49 años. Y eso no hay inmortalidad que lo borre. Ella sí está "preparada para todo lo demás".

-"¿Quieres pasar la eternidad en un sitio en el que nada importa?¿Como esos desgraciados del Quagmire, que intentan desesperadamente sentir algo?".

Ahí es cuando San Junípero se acerca a El Inmortal, el cuento de Borges que nos reconcilia con la finitud de la vida humana. El protagonista del relato, Marco Flaminio Rufo, sale en la búsqueda de una ciudad perdida habitada por inmortales. Una vez en ella, se tira siglos intentando acabar con esa eternidad que, al contrario de lo que esperaba, no le ha dado felicidad, sino decadencia y degradación.

El Quagmire de San Junípero (el oscuro local donde Yorkie busca a Kelly) es esa ciudad inmortal de Borges, laberíntico, sórdido e incómodo, habitado por los que ya se han aburrido de vivir para siempre. Personas desesperadas que pasean perdidas como zombis, que intentan asfixiarse y se golpean buscando "sentir algo". 

Por eso el final es ambiguo. Parece feliz, pero puede que no, puede que tenga otra lectura, más agria y coherente con el que suele ser un clásico final de Black Mirror. En Internet ya han surgido teorías sobre ese otro fin alternativo, como podemos leer en este hilo de Reddit: al contrario de lo que parece, Kelly no elige la eternidad. La Kelly que vemos al final del episodio es una recreación del sistema.

Hay pistas para entenderlo, dicen: Kelly muere y por eso vemos una tumba con su nombre junto a los de su marido y su hija. Otra: al principio de la historia, el chico de los recreativos le explica a Yorkie que el videojuego Bubble Bobble puede acabar de dos maneras, según haya uno o dos jugadores. Con esta teoría, la Kelly que vemos después de los títulos de crédito, la que se sube en el descapotable rojo de Yorkie, sólo sería una ilusión más de TCKR Systems, el sistema tecnológico que mantiene ese limbo que es San Junípero.

O puede que sí, demonios, que realmente todo acabe como parece: con las dos felices en San Junípero. Andando por ahí muertas haciendo como si estuvieran vivas. 

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