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Oda al aburrimiento: por el derecho a no hacer nada (sin sentirse culpable)

¡El  ‘dolce far niente’ no es para vagos!

Deo Aguilar
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Oda al aburrimiento: por el derecho a no hacer nada (sin sentirse culpable)

En 'El club de los cinco' se aburrían cantidad. 

Recuerdo muy poco de mi infancia, pero casi todo lo que me reviene cuando pienso en aquellos años, mis 80, son ratos de aburrimiento. Un dulce y calmante tedio al que mis padres nunca tuvieron miedo. Trabajaban tanto, que solían asociar el aburrimiento a su descanso. En aquellos días de playa y siestas mojadas, no había espacio para el padel surf, ni para el kite ni el trekking ni el rafting. No soy una persona nostálgica, pero si hay algo que echo de menos es eso, poder aburrirme sin más, sin sentir culpabilidad.

Mi madre llamaba a eso ‘nanear’, una bonita palabra que utilizaba como comodín para llamarnos a filas. “Niños, ahora toca nanear un rato”. “Niños, dejad de nanear y recoged vuestro cuarto de una vez”. “Niños... “. Para ella, ‘nanear’ era eso, no hacer nada. Absolutamente nada. Siempre pensé que la había inventado ella, pero antes de escribir este artículo he querido comprobarlo en el diccionario. Y no. Ni mi madre creó esa hermosa palabra ni su significado es el que ella usaba.

Del ant. Nano ‘enano’, y este del lat. nanus.
1. Intr. Andar como los enanos”.

Cuando he descubierto la verdad, se me ha roto un poco el corazón, como sólo se me rompía de niña. Con lo divertido que era el uso de mi madre, con lo que me gustaba pensar que la había inventado ella. Ser adulta, maldita sea, es así de aburrido

Nos aburríamos en las dos horas de espera de la digestión. Nos aburríamos frente al libro de Santillana. Y mientras perdíamos el tiempo anestesiados con el aburrimiento, aprendíamos a pensar en soledad, a divagar, a buscar entretenimientos gratis y livianos, a hacer amigos nuevos, esos otros niños igual de aburridos que tú. Y cuando te hartabas de pensar, de divagar, de intentar entretenerte y de esos críos tan pesados como tú, volvías a entregarte sin remedio al aburrimiento. Pero mientras tanto, en algún punto entre el castillo de arena y el enésimo vaso de Tang, tu mente descansaba primero para después volar.

Hoy nos aterra aburrirnos. No sabemos, hemos olvidado cómo se hace eso de no hacer nada. Somos adultos hipermotivados, sin tiempo para perder. Nos hemos acostumbrado tanto a eso que este mundo hiperestimulado acaba por aburrirnos soberanamente.

Y en esa paradoja andamos, buscando a la desesperada el penúltimo entretenimiento de moda. Ya somos incapaces de entregarnos al placer sencillo de tumbarnos en la cama para (sólo) mirar el techo un buen rato. Porque si lo hacemos, nos sentiremos culpables, vagos, perezosos. Es esa angustia, esa exagerada autoconciencia, la que ha matado al aburrimiento.

Soñar despierto, en su justa medida, es bueno y recomendable. Esa especie de desconexión, según algunos expertos, aumenta nuestra creatividad y nuestra eficiencia. Aburrámonos sin temor, pues, aunque sólo sea un rato. Rindámonos a las delicias del dolce far niente, mientras vemos a los runners pasar por la orilla del Mediterráneo.

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