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Baronesas: el cinturón femenino de la política española

Conservadoras, progresistas; casta o revolución. Ellas dictan leyes y marcan la agenda. Una nueva generación de mujeres jóvenes coge el relevo e instala la retórica femenina en el seno de los partidos.

Enrique J. Cortés
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Son todas las que están. Mujeres al borde de un ataque de nervios. O al filo de lo imposible. Delfinas, baronesas, puntas de una lanza amazónica. Nuevos valores de la política española. Valores frescos que van incluyendo las políticas de igualdad lenta pero progresivamente en las agendas de partidos e instituciones. El pasado 8 de marzo -coincidiendo con la celebración del Día Internacional de la Mujer- fueron muchos los titulares y muchos más los datos que arrojaban luz (y nuevas sombras) sobre el tímido papel que la mujer comienza a ganar en la empresa y la política española. Repasemos algunos datos.

Según el Instituto de la Mujer, hoy son 140 las mujeres que ocupan un escaño en nuestro hemiciclo legislativo, un exiguo 39 por ciento del total. Tenemos tan solo seis presidentas provinciales frente a un total de 32 hombres en el cargo. 1386 alcaldesas frente a los 6702 alcaldes. Diez años después de la aprobación de la Ley para la Igualdad Efectiva entre Hombres y Mujeres por el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero, hoy son tan solo 5 de un total de 14 las mujeres al frente de Ministerios. Y si nos salimos del escaparate de la política, la situación empeora: de media, las mujeres en España siguen cobrando un 15 por ciento menos en igualdad de rango y tan solo representan el 20 por ciento de los consejos de administración.

Los datos -decía- tienen poca discusión. Titulaba el New York Times hace tan solo unos días: “Las mujeres españolas: avanzando en la política; todavía luchando contra el sexismo”. El diario más importante del mundo encabezaba dicho artículo con una gran fotografía de la actual alcaldesa de Barcelona Ada Colau (vista en el extranjero por muchos como gran garante de los derechos humanos en nuestro país) y ejemplificaba aludiendo a otras figuras como la portavoz de Ciudadanos en Cataluña Inés Arrimadas o Teresa Rodríguez, peso pesado de Podemos en Andalucía. Y lo interesante del asunto es que, a la misma vez que las ponía en la palestra internacional como diana de insultos y vejaciones arcaicamente machistas, lo hacía también para ensalzar su labor como vanguardia del feminismo de la política española. Tan solo unos días antes, Cristina Cifuentes se hacía con el poder del Partido Popular de Madrid con el 86 por ciento de los votos de sus afiliados. Lo hacía -y aquí viene lo importante- después de haber librado una silenciosa pero trascendental batalla por cuestión de democracia interna con los sectores más inmovilistas y como imagen femenina de la transparencia y la lucha contra la corrupción que emborrona la imagen del PP madrileño y que está teniendo en la llamada operación Lezo su mayor exponente y repercusión pública.

Pero sigamos con nuestro repaso al noticiero reciente. Exactamente un mes antes se escenificaba también el voluptuoso Vistalegre II (el Congreso de Unidas Podemos) e Irene Montero tomaba el relevo dorado de un vencido Iñigo Errejón al frente de la portavocía del partido morado. Un cargo que ha colocado a la madrileña en primera plana de la política española (mientras, por el camino, perdíamos a Carolina Bescansa como otro de los grandes-nuevos-valores del star system femenino). Un primero de infantil, eso sí, a los ojos de otras más veteranas como Soraya Sáenz de Santamaría. La actual Vicepresidenta del Gobierno de España lleva la friolera de 17 años en el candelabro de la política (por aquello de alumbrar pero sin quemarse). Hoy es la persona con mayor peso específico dentro del Partido Popular después del propio Mariano Rajoy, futurible candidata según algunas lenguas y hasta una de las cinco mujeres más poderosas de Europa en palabras de USA Today.

Mientras tanto, Begoña Villacís (C’s) y Rita Maestre (Podemos) se disputan en las televisiones y en Pleno Municipal el caramelito de oro de la política estatal: el codiciado Ayuntamiento de Madrid en el que a duras penas la actual alcaldesa Manuela Carmena ha conseguido mantener el temple que ha caracterizado su imagen pública. Por cierto, que Villacís ya ha sido hasta inspiración para una novela política de corte feminista escrita por María Ángeles López de Celis, histórica y secretarísima de casi todas las presidencias. Un puesto que se le habría quedado seguro corto a Andrea Levy, Vicesecretaria del Partido Popular y Diputada por Cataluña; una de las voces que más alto suenan contra el independentismo y una de las caras que mejor han sabido emular el gesto de la renovación en el seno de Génova.  

Y de vices (todavía) sigue yendo esta película de mujeres con poder. Otra de sus grandes protagonistas es sin duda Mónica Oltra. Líder de Compromís y Vicepresidenta de la Comunitat Valenciana, su voz política es una de las que más se eleva en sede parlamentaria y fuera de ella para defender a la mujer. “Las mujeres son poderosas y lo están demostrando”, sentenció en algún plató. No tanto de activismo feminista pero sí mucho de poder factico tiene la candidatura a las primarias socialistas que encabeza Susana Díaz. Una puja que ha sabido defender contra viento, marea y, sobre todo, contra dos hombres en uno de los peores momentos del partido en la historia de la democracia. Ah, y también contra la demoscopia. Ciencia casi siempre poco exacta que le augura un futuro incierto a la sevillana. Desde sensibilidades y posiciones bien distintas, sus colegas socialistas Isabel Rodríguez (Congreso) Sara Hernández (Madrid) completan la orla más joven y femenina de un PSOE en construcción. 

Todo esto, mientras otras como Anna Gabriel manejan con firmeza desde la CUP la llave del futuro constitucional de Cataluña. De todas ellas (o de la mayoría) se enorgullecería la eurodiputada socialista Iratxe García. La misma que tuvo que replicar hace unos días el enésimo improperio machista proferido en sede parlamentaria por el polaco Janusz Korwin-Mikke. Todas ellas, nuevas representantes de la mujer en las más altas instancias de la administración española. Feminizando el discurso y cambiando la política desde dentro. Aún muy lejos de la ansiada igualdad pero cada vez más poderosas e independientes en el ejercicio de sus cargos. Eso sí, sin que aún ninguna se haya atrevido a competir en el vetado monopolio masculino para la Presidencia del Gobierno.

Ada Colau
Cristina Cifuentes
Rita Maestre
Begoña Villacís
Irene Montero
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