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Una odisea espacial

La industria cosmética ha conseguido transformar en cremas y champús los descubrimientos de la NASA. Houston: tenemos una fórmula.

Paloma AbadFotos: Getty Images/Plató Hearst, D.R
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Un pequeño paso para el ser humano, pero de gigante... para su hidratación. La carrera espacial (disparada con la puesta en órbita del satélite soviético Sputnik, en octubre de 1957) no solo ha servido para conquistar la gravedad cero, sino que también ha permitido a las grandes corporaciones cosméticas canibalizar las investigaciones realizadas en tal área. “Tras cinco meses de misión, los astronautas padecen una atrofia muscular que provoca una pérdida de firmeza cutánea de hasta el 46%. Al regresar a la Tierra, este efecto se revierte”, explica Albina Estévez, directora de formación de Lancôme. Pues, precisamente, el último lanzamiento de la marca, una crema facial reafirmante, basa su formulación “en las estructuras de adhesión células-matriz que hacen posible ese rejuvenecimiento terrenal”.

El tipo de microscopios de fuerza atómica con los que la agencia espacial estadounidense (NASA) exploró Marte (a través de la sonda Phoenix, en 2008) fueron, por su parte, aprovechados por Pantene para estudiar las interacciones entre acondicionadores y cabello. “Las investigaciones llevadas a cabo en 2010 con el laboratorio de nanotecnología de la Universidad de Ohio (EEUU) dieron pie a la creación de fórmulas de productos más adaptadas a las necesidades de diferentes tipos de pelo: fino, grueso y teñido”, explica Jeni Thomas, directora de comunicación científica de la marca en Europa. El grupo L’Oréal también ha visto un filón en la tecnología espacial: mide la profundidad de las arrugas con un láser similar al que la NASA emplea para conocer la superficie de los planetas. “Además, gracias a sus aportaciones, hemos mejorado nuestras espumas capilares. Queríamos que fueran más parecidas a las de polímeros que llevan los trajes de los astronautas, más ligeras y resistentes para dejarles moverse mejor”, cuenta Patricia Pineau, directora de comunicación científica del conglomerado, que en 2013 invirtió 857 millones de euros en investigación.

Hace 12 años Alexis de Brosses comenzó a barruntar sobre la terapia lumínica que recibían los astronautas para curar heridas en el espacio durante los años setenta. En 2007, Talika, la compañía que dirige, lanzó los primeros dispositivos que proyectaban luces a diferentes longitudes de onda para reafirmar la piel y eliminar las manchas. El último producto que ha presentado traduce esa línea de estudio en lociones de uso diario. Nadie lo hubiera dicho, pero lo cierto es que estamos más cerca de las estrellas de lo que parece...

Escudo protector
Gravedad cero
Exfoliación sideral
Envase sellado
Un 'led' a medida
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