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Buscando a Irene desesperadamente: una historia de serendipia y crecepelo

Nunca subestimes el poder de la naturaleza ibicenca reconvertida en producto milagro, los resultados podrían ser de película.

Inés Martínez
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Buscando a Irene desesperadamente: una historia de serendipia y crecepelo

“Hallazgo valioso que se produce de manera accidental o casual”. Así define nuestro diccionario la serendipia, el placer de encontrar algo bueno cuando no se está buscando. Imaginen que no somos ni John Cusack ni Kate Beckinsale topándonos el uno con el otro en un centro comercial neoyorquino en plena Navidad (Serendipity, 2011) y que no vamos a dejar el posible romance de nuestra vida en manos del caprichoso destino.

Imaginen que en su lugar somos un turista holandés llamado Andy, que pasea por un mercadillo de Ibiza sin saber que el producto que ha escogido está a punto de cambiarle la vida, al menos, capilarmente hablando. Imaginen que cuando Andy se da cuenta del milagro, ya es demasiado tarde para hacerse con más producto y decide lanzar un mensaje al aire para ver si, por azar o accidente, da con la mujer que le ha cambiado la vida (de nuevo, capilarmente hablando claro). Como les decía, esta es una historia de casualidades del destino y de crecepelo.

A mediados de enero, el blog Strambotic, especializado en transformar informaciones insólitas en historias, publicaba una noticia que a ratos parecía una película Hollywoodiense, a ratos un artículo sacado del El Mundo Today. Un anuncio por palabras publicado en el Diario de Ibiza hacía saltar las alarmas. El texto arrancaba con un melodramático "Buscando a Irene desesperadamente" y continuaba así: "Este verano te compré un elixir en un mercadillo de Ibiza. Por favor escríbeme a hairesurrection@gmail.com".

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Anuncio reproducido en el grupo de Facebook Ibiza Winter Residents.

Ahora sí, ¿comprarían una entrada de cine para conocer el desenlace de este amor de verano inesperado y, lo más importante, saber qué narices contiene este producto milagro? Resulta que el grito ahogado de nuestro protagonista (claro guiño al clásico ochentero Buscando a Susan desesperadamente protagonizado por Rosanna Arquette y Madonna) dio sus frutos ya que, tal y como explican en Strambotic, el recorte llegó hasta el grupo de Facebook Ibiza Winter Residents, ante el atento feed de sus más de 27.500 miembros y atrayendo la atención de la mismísima Irene entre vítores de sus allegados. 

Contactamos con esta extremeña afincada en Ibiza para conocer su parte de la historia y descubrir la fórmula de tan mágico elixir. Primer golpe de efecto: Irene tiene colgada la receta en su perfil de Facebook para que cualquiera pueda elaborar este champú en casa. Entonces, ¿dónde está el misterio?

"Cuando salió el anuncio la verdad es que me avisó un montón de gente conocida así que decidí contactarle. Cuando me dijo lo que quería, aluciné. Aluciné porque realmente yo enseño a hacer el champú en mis cursos, no es un producto que tenga habitualmente. El verano pasado hice bastantes porque tres amigos me pidieron. En total hice diez champús, siete eran para estos chicos y los otros tres los puse a la venta en mi puesto. Alguno de esos tres, lo compraría él". Así se fragua esta historia de casualidades, serendipia y cosas buenas que uno no andaba buscando. 

Ortiga para activar el crecimiento del cabello y proteger la raíz, romero para aportar brillo y frígola (planta autóctona similar al tomillo) para dar fortaleza y tonificar. Estos tres ingredientes, combinados con jabón artesanal en una infusión, son el secreto (a voces) que guarda este champú rebautizado como crecepelo. Sin embargo, su combinación no es fruto de un golpe de suerte: "Llevo más de 20 años estudiando las plantas y conectada con ellas. Esta unión de plantas surgió porque me pidieron un champú diseñado específicamente para fortalecer el pelo, entonces escogí las plantas según sus propiedades".

Más allá de la anécdota que supuso convertirse en la persona más buscada de la isla durante una semana (Diario de Ibiza, medio que alojó el anuncio, confirma que se contrató el espacio durante siete días) Irene reconoce que “aunque no le ha cambiado la vida” su marca, Laire by Irene Apolo, ha notado ligeramente la onda expansiva de este hecho: "La página estaba bastante parada y ahora pues sí, hay gente que está repitiendo. Tampoco mucho boom pero ponle que al menos 15 clientes más tengo".

Y por encima de este One-hit Wonder cosmético, la historia se convierte en una moraleja perfecta para dar visibilidad a la elaboración artesanal, a la vuelta a los procesos manuales, a la fe ciega en lo ecológico y a la apuesta por lo personalizado en detrimento de lo masificado. “Si la persona da con el producto adecuado, es mi cliente para toda la vida. A lo mejor tú me compras una crema y a partir de ahí damos con tus aceites perfectos. Primero te tendría que conocer y ver tu tipo de piel y si realmente damos con tus aceites, te digo yo que me vuelves a comprar. Conozco a todos mis clientes, me van llamando, me van diciendo y aprendo mucho de ellos también”. 

Una producción pequeña y cercana que comienza y acaba en su protagonista, experta en sacarle el máximo partido a su entorno, ya sea colaborando con asociaciones que cultivan estas plantas medicinales o valiéndose de la flora más salvaje. “Lo hago yo todo, todo. Hay gente que tiene campos y a lo mejor me dicen ‘¡Oye, voy a podar la lavanda!’ Y ahí que voy. Me gusta mucho trabajar con la planta salvaje y hay veces que la gente me va llamando y otras que tengo que ir por mi cuenta a buscarla”. 

Crema facial, exfoliante, sérum… Su abanico de productos es amplio, aunque confiesa que a lo que más pasión le pone es a sus aceites medicinados. “Tengo en cuenta siempre los estudios que he realizado para plasmar lo que voy aprendiendo. Después de recoger las plantas, las macero en diferentes aceites vegetales (los que yo compro son siempre con sello ecológico) y les hago ciclos lunares durante 28 o 48 días, dependiendo de la planta y del tipo de aceite porque algunos no pueden estar mucho tiempo al sol”. 

Energía, creatividad, poder, sexualidad, armonía… Los resultados son distintos dependiendo del chakra con el que conecta cada tipo de aceite. En definitiva, un proceso que invita a despedirse de las prisas. “Comienzo con la materia prima ahora mientras estoy terminando la tanda que empecé el año pasado en primavera. Es un proceso que se va haciendo prácticamente durante todo el año”. Además, todo esto lo compagina con cursos y talleres en los que enseña a realizar perfumes, cremas y jabones, todo de manera artesanal. “La semana pasada tuve un taller de aromaterapia y a principios de mayo seguramente haremos uno de fitoterapia”.

Aunque afirma no tener una “varita mágica” y a pesar de las llamadas desesperadas de curiosos sin pelo que pedían que obrara su milagro, el champú de Irene ha servido para mostrarnos que, a veces, las pequeñas casualidades y los golpes de azar son los hallazgos más valiosos. Pura serendipia. Por cierto, podéis comprarlo en su página web por 18 €.

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