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Emprendedoras de la belleza: cómo sería tener tus propias cremas

Los sueños, sueños son. Pero si quieres vivir de ellos, debes ponerles patas. Cuatro emprendedoras españolas te regalan sus trucos para lanzar tu propia marca.

Mamen InfanteFotos: Cortesía de las marcas
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Matarrania
Nos gusta: Tónico suave de rosas 100% Bio de Matarrania (13,89€ / en matarrania.com)
L'anisse
Super Mummy Crema Antiarrugas (25,95€ / En lanisse.com)
Almein
Skin Lift de Almein (58,95€ / en ikonsgallery.com)

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Pongamos que un día te levantas y decides que se acabó eso de vivir para trabajar, que vas a trabajar para vivir. Que vas a dar rienda suelta a tus pasiones vitales. Supongamos, por decir algo, que esas pasiones son el lipstick rojo y los gatos. Imaginas, imaginas, hasta verlo claro: morirías por tu propia línea de labiales ilustrados con mininos. (Oh, wait, eso ya lo hizo Paul & Joe! No importa. Soñar es gratis.) Pongamos, decía, que te asalta la loca idea de crear tu propia colección. De labiales, de cremas, de jabones, de perfumes. Pon que te lías la manta a la cabeza y rompes el cerdito. ¿Sabrías por dónde empezar? Si tu sueño alguna vez ha sido crear tu propia línea de cosmética, atenta a la experiencia de estas emprendedoras de la belleza. Ellas soñaron fuerte y hoy pueden decir que lo consiguieron. Que la suerte y la ilusión inicial les acompañe.

Un sueño hecho realidad
La literatura del marketing cosmético está llena de historias que rondan el territorio de la serendipia. Algas abandonadas en un tubo de ensayo que se convierten en un potente suero anti-edad, bálsamos para bebé que surgieron de un viaje romántico por la Toscana, cremas que nacieron como anti—estrías y que el despiste del focus group convirtió en una bomba anti-arrugas… Noveladas o no, estos relatos inspiran a fanáticas del cremerío dispuestas a dejarse los ahorros y las horas de sueño en, precisamente, eso: su sueño. Alcanzar y acariciar la idea que, desde niñas, brotaba en su mente al recorrer los campos de su pueblo o los tocadores de sus abuelas. Nos gustan concretamente las historias de L'Anisse, Matarrania, Almein y SensibleBio. Todas ellas diferentes pero con un denominador común: soñar es gratis, sí, pero ponerle patas al sueño, no. Conozcamos sus casos en primera persona.

De guía turística a alquimista
Evelyn Celma Esteve, 40 años, licenciada en Ciencias Ambientales por la Universidad Autónoma de Barcelona, se dedicaba a mostrar a los turistas la comarca del Matarraña donde creció. “Un día, en medio de la ruta turística al castillo gótico de Valderrobres, enseñando los tesoros de la zona, realmente fui consciente de ellos, y tuve como una especie revelación sobre las posibilidades naturales de la zona y su vegetación”, cuenta cuando se le pregunta de dónde surgió la idea de crear la marca Matarrania. El primer paso que dio, antes de emocionarse demasiado, fue probar, experimentar, encontrar buenas formulaciones que fueran eficaces y gustaran tanto por su textura como por su olor y presentación. Hasta ahí, todo bien. Pero Evelyn entra en detalle: "Un primer gran problema con el que me encontré fue legalizar el primer laboratorio en el campo, que estaba a siete kilómetros del pueblo por pista forestal, sin agua de red y con instalación eléctrica fotovoltaica. Fue una odisea”. Además, para crearlo, necesitaría una inversión inicial. Se lo preguntamos: ¿Cuánto dinero te gastaste en poner el tema en marcha? “24.000€. Suelo ser muy mala para los números, pero éste se me ha quedado bien grabado”. Íntegramente de su bolsillo, se entiende… ¿O hay ayudas oficiales? “Sí, en el entorno rural hay varios tipos de ayuda, más alguna otra por el hecho de ser mujer. Las pedí, me las concedieron y me sirvieron de mucho. No solo por la parte económica, que de hecho cobras un año y medio después de hacer la inversión, sino por el apoyo en cuestiones como la viabilidad del proyecto o tu visibilidad en la zona”, puntualiza. No suena mal, aunque ya nos daremos cuenta que, en este aspecto, cada comunidad autónoma es un mundo.

Una farmacéutica y su amor
Ana Mulet Nicolau, 26 años, farmacéutica y especializada en Cosmética y Dermofarmacia, trabaja en la Farmacia Dr. Mulet en Castellón. Su historia es la de un sueño que cumple una vocación: “La mía es la cuarta generación de una familia de farmacéuticos (desde 1923) y, ya desde los inicios, preparábamos productos galénicos y dermocosméticos elaborados con fórmulas propias. Creo que de ahí me picó el gusanillo de crear mi propia línea de cosméticos. Al terminar la carrera de Farmacia, vi claro que quería dedicarme al mundo de la cosmética y decidí hacer las maletas y marcharme a Madrid para especializarme”. En este punto nos damos cuenta de que sin formación no hay pasión encauzable posible. Los puntos fuertes de su marca los tenía claro: “Producto de muy buena calidad con precios son competitivos”. Fu dicho y hecho. Desde hace cuatro meses el mercado cuenta con un concepto nuevo: gamas para ocasiones concretas (además de una línea de cuidados básicos), algo a los que no estamos acostumbrados en el mercado. Ella nos explica: “Trabajamos, de momento, con dos gamas. La gama "wedding", dirigida a las novias, para que en los momentos previos puedan preparar su piel para el gran día y lucir una piel hidratada, luminosa y sin imperfecciones. La otra gama es "mummy", enfocada a cubrir con un solo gesto todas las necesidades, ya que los niños te dejan poquito tiempo para ti, y no hay que descuidarse”.

Cuando te toca una piel complicada
Otras marcas de cosmética de emprendedoras -como Almein o SensibleBIO- nacieron casi por necesidad. A una de las creadoras de Almein, Sofía Aparici, le diagnosticaron envejecimiento prematuro a los 20 años. Junto a un equipo de profesionales, Sofía investigó durante años para ir al origen de su problema, consiguiendo frenar su envejecimiento con fórmulas inteligentes. Haber nacido de una madre experta en principios activos también ayudó. Pronto se pudo poner en el laboratorio manos a la obra y hoy tiene una pequeña pero prometedora línea de cosmecéuticos que tienen en jaque a los más expertos en la materia. Junto a su partner in crime, Laura Llorens, se ha dejado la piel –no literalmente, claro- para crear productos con principios activos en altas concentraciones, que estimulen y penetren en todas las capas de la piel. Definen su marca como ‘cosmética y biotecnológica, de origen médico’. Tienen unas líneas básicas: Pure Care, Antiaging Care, Clarity Care y Body Care, además de dos tratamientos intensivos de cabina (Hyaluronic System y Lift Advanced), que hacen en centros de estética y medicina estética muy punteros, entre ellos el Instituto de Benito.

¿Cómo se pone una crema en el mercado?
Por si te está provocando la idea, Evelyn nos da algunos detalles prácticos: “Hay que pasar varios filtros. Primero, obtener la licencia de fabricación de productos cosméticos que otorga la Agencia Española del Medicamento, así como la licencia de actividad del ayuntamiento. Te pasas un año de gestiones para conseguir cada licencia”, advierte. Ante plazos así, se impone cierta dosis de idealismo. "Crear una marca de cosmética es como volver a las antiguas alquimias, a recuperar la magia de crear fórmulas, mezclar, experimentar y sentir perfumes y texturas. Trabajar en cosmética natural es saber de plantas y, lo más bonito, compartir esa sabiduría con quien tiene tu producto en su neceser, su tocador o su baño. Para mí emprender mi propio proyecto ha sido la forma de encontrarme a mí misma, de poder realizarme laboral y económicamente a través de un trabajo artesanal que me apasiona, y cuyo desempeño cumple con todos los requisitos que necesito para sentirme feliz y plena", relata Evelyn. O sea, que un punto de idealismo, 24 mil euros y mucha paciencia. Porque, amiga, si buscas hacerte rica con tus cremas, más vale que te busques una silla cómoda. “Hace nueve años que arrancó el proyecto, aunque realmente estamos vendiendo desde hace seis. No sé muy bien cómo van las ventas, porque miro números solo un par de veces al año. Mientras haya dinero para pagar facturas no me preocupo demasiado. Cada año crecemos un poquito, sin prisa pero sin pausa. Personalmente no espero mucho, me da miedo visualizar el futuro de MATARRANIA, pero en el fondo sé que seguirá siendo pequeña porque yo lo quiero así”, confiesa Evelyn.

Por su parte, Ana añade otros: “Antes de ponerme con las cremas, tuve que pensar un nombre para el producto, patentar la marca y crear la empresa”. Además, a una mente creativa y un punto loca los números se le suelen atragantar. Ana no fue una excepción: “Lo más complejo fue dedicarse a los temas mercantiles y fiscales de la empresa. Tuve que recurrir a la ayuda de mi hermana Rocío, que es abogada”. Y, por supuesto, ¡ciao, ahorros! “En el momento inicial tuve que poner unos 13.000 euros. Al principio son muchos gastos en los que hay que invertir: la tienda online, producto, diseño, packaging...” Y si esperas la ayuda oficial, puede que te duermas. “Sinceramente, no me informe bien de ello. Tengo entendido que se pueden alargar bastante los plazos. La impaciencia me pudo porque tenía ganas de sacar pronto L'Anisse al mercado”. No sabía lo que se venía encima: un millón de trámites. “Todos nuestros productos cuentan con un expediente de información y evaluación de la seguridad del producto cosmético. En este expediente se detallan, por ejemplo, las menciones exigidas en el etiquetado del producto (ingredientes, caducidad, dirección del responsable, advertencias de uso), las características físico-químicas (color, olor, pH, microbiología), el uso normal del producto, la exposición del producto cosmético (aquí se detalla la cantidad, frecuencia de aplicación, vías de exposición, etc.), y la información del material de embalaje, entre otros. El objetivo es reforzar la seguridad del consumidor, garantizar la inocuidad del producto antes de su puesta en el mercado e incorporar un informe de seguridad amplio. Por otra parte, hay que comunicar todo ello al Portal Europeo de Notificación de Productos Cosméticos CPNP”, asegura. Así que no te pongas en plan etérea porque hay mucho que hacer.

Recopiladoras expertas
Algo diferente a los anteriores es el caso de las hermanas Vilá, Sonia y Alfonsina, cuya piel sensible podría haber llenado la Enciclopedia de los Disgustos. En su propia experiencia estuvo el detonante de crear SensibleBIO: “Empezamos a fijarnos en las etiquetas de los productos que usábamos, a evaluar lo que nos poníamos en la piel, y de esa forma dimos con cosméticos naturales con los que realmente notamos la diferencia en nuestra piel, bastante sensible. Un viaje a París nos inspiró y nos dio la idea de crear algo propio porque fue allí donde descubrimos todo un maravilloso universo de cosmética natural que en España no hay”. Con esto aclaro que ellas no crearon una marca concreta. Pero se recorren el mundo, de Madagascar a Barcelona, buscan, prueban y seleccionan cosméticos que sean naturales, artesanales, veganos, ó 100% bio para su boutique online Sensiblebio.com. En sus comienzos, también recurrieron a una buena formación y se hicieron sus pertinentes cursos en temas de marketing online. “Teníamos un objetivo claro, el de crear una tienda online única, atractiva, limpia y cómoda, con cosmética de calidad, con marcas novedosas, marcas nicho, nada de lo típico que encuentras en todas las otras tiendas”. Y esa selección, ¿cómo se lleva a cabo? ¿qué pilares la sostienen? “Buscamos sin cesar, por todos lados, hasta en lugares insólitos, porque hay muchos productos artesanales, naturales, excelentes, que nadie sabe que existen. Los elegimos teniendo en cuenta su composición, que sea lo más natural posible y que tenga ese “ingrediente clave” que lo hace mágico y diferente. También valoramos lo que ofrece la marca o creador que hay detrás, cuál es su historia. Priorizamos la selección de productos para pieles sensibles. Su textura, olor, su presentación y, por supuesto, sus resultados. Los productos para piel madura los prueba nuestra madre, y los de hombre, nuestras parejas. Por eso nos gusta usar el término e-boutique, ya que creemos que refleja el trabajo y selección que hay detrás de cada producto: internacional, natural y exclusiva”, concluyen.

Categoría: ¿Por qué no…?
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