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Fotografía terapéutica: una intervención artística

Cuando una imagen vale (de verdad) más que mil palabras.

Beatriz Serrano
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Emilie Danchin, fotógrafa y terapeuta y que es contactada de toda Europa para iniciarse en cursos de Fototerapia, recibió un día una llamada de una mujer que necesitaba ayuda. La mujer en cuestión había sufrido –y superado- un cáncer. Emilie Danchin y ella tuvieron un primer contacto por Skype. Cuando la mujer apareció en su consulta trajo consigo un montón de fotografías que se había hecho durante el proceso. “No sé qué hacer con ellas”, dijo. Danchin me cuenta esta historia vía Skype, cuando le pregunto si primero se hizo fotógrafa y luego terapeuta. Si siempre ha sido las dos cosas. O en qué momento convergen sus dos profesiones con la intención de ayudar a la gente: “Fue un proceso natural, en mis trabajos como fotógrafa siempre he tratado temas íntimos, ayudo a la gente a descubrir y explorar su yo interior”.

Este tipo de proceso se denomina fotografía terapéutica: “Consiste en utilizar la fotografía como una herramienta de trabajo para "curar" en el sentido más amplio de la palabra”, explica desde Bruselas Emilie Danchin, experta en la materia que nos ocupa. Es un proceso guiado, con la ayuda de un profesional, que se focaliza en el autodescubrimiento y la autoexploración para así llegar a la aceptación. Danchin ha tratado, por lo general, a mujeres. Es una terapia que tiende a aplicarse a pacientes que han sufrido cambios en su cuerpo, de ahí que sirva para personas que han padecido cáncer. Pero también aquellas personas afectadas por algún trastorno alimentario – anorexia o bulimia-, o personas que están sufriendo una crisis de identidad –inmigrantes en un país que no es el suyo y en el que su aspecto, normas y tradiciones resultan extrañas a ojos de otros.

El caso de la mujer que había sufrido cáncer fue uno de los procesos más interesantes, según explica Danchin. Porque hay un antes y un después de la enfermedad: durante el proceso sólo te preocupa sobrevivir, después viene todo lo demás. Volver a aceptar tu cuerpo, un cuerpo que antes conocías y ha cambiado. Asimilar que la gente está feliz al verte y aplaude a tu alrededor lo sana que estás, pero tú no te sientes igual de sana que antes. La paciente necesitaba reconstruirse. Emilie Danchin y aquella mujer iniciaron un proceso terapéutico a través de las fotografías. La mujer encontró, mediante esta terapia, la manera de aceptarse y a la vez, de explicarle al mundo –sin palabras – qué pasa con tu vida cuando superas un cáncer. El trabajo final se expuso en forma de video en un festival en Italia y en la Maison Bergamini en Bruselas. Danchin me cuenta la historia aún con voz temblorosa: “Todo el mundo conoce a alguien que ha tenido cáncer. Todo el mundo te va a entender”. El poder de la herramienta, según explica Danchin, es que llega a más gente que la palabra.

En otra ocasión, como terapeuta, trató a una paciente con bulimia. Durante las sesiones llegaron a indagar sobre el porqué de su enfermedad pero hubo un estancamiento a la hora de favorecer la curación. Hasta que llegaron las imágenes. Uno de los ejercicios consistió en realizar un collage con imágenes de mujeres a las que la paciente se quería parecer: “El problema es que en esta sociedad se nos exige constantemente ser altas y delgadas, mi paciente era todo lo contrario, así que le hice enfrentarse a todas aquellas mujeres”. Lo que la paciente descubrió en aquellas sesiones es que las modelos y actrices a las que admiraba eran algo más que mujeres guapas y delgadas. “En cuanto empezamos a indagar la paciente descubrió otros aspectos envidiables de aquellas mujeres: parecen seguras, tienen fuerza en la mirada, son elegantes, exhalan poder”. Factores más allá de la apariencia física. Después de aquellas sesiones catárticas, se empezaron a centrar en otros aspectos fuera del físico.

El trabajo Feelings de Emily Knecht

Imagen vía Instagram @emilyknecht

La fotografía terapéutica ha ganado terreno y visibilidad gracias a Internet. La fotógrafa de Los Angeles Emily Knecht acaba de realizar una exposición en la Innocnts Gallery donde exhibe autorretratos de 35 mm en los que aparece llorando. Para este proyecto, denominado Feelings, la fotógrafa tomó una instantánea cada vez que lloraba desde hace tres años. Aunque en este caso el proyecto tenía más intenciones artísticas que terapéuticas, su trabajo le ha ayudado a conocerse mejor y a hacer visible un momento de intimidad que pocas veces mostramos al mundo. Su trabajo pretendía reflejar, a la vez, la hipocresía de las imagenes que subimos en las redes sociales. En Dualities, la fotógrafa Liz Obert mostraba la situación de personas bipolares. En su trabajo, enseñaba al mundo a distintas personas –entre las que se encuentra la propia artista- que padecen este trastorno de la personalidad en sus momentos más altos y más bajos en un intento de mostrarle al mundo el realismo de la enfermedad.

Pero quizás uno de los proyectos que más visibilidad ha tenido en los últimos años es el proyecto La batalla que no elegimos donde el fotógrafo Angelo Meredino documentó día tras día la lucha de su mujer contra el cáncer de mama, al que no logró vencer. Un proyecto que comenzó como terapia, para conseguir entender la situación a la que la joven pareja se enfrentaba y que terminó convirtiéndose en inspiración para muchas mejores. Hoy, Angelo Meredino da charlas para TED, ha publicado un libro con su historia y fotografías y ha iniciado un proyecto altruista para ayudar económicamente a mujeres que están en la situación en la que estuvo su mujer. La fototerapia ha dado sus frutos. O como dice Emilie Danchin: “El poder de la herramienta”. No subestimes el poder de una fotografía.

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