CARMEN ROSA | 19 DE JUNIO DE 2012
La vida de Franz Christian Gundlach ha corrido paralela a la de la moda europea del siglo XX. Modelos, focos, lentes, revistas. Este fotógrafo alemán, nacido en Hessen en 1926, es una de esas figuras –anónimas para muchos– que en la prehistoria del diseño textil arrancaron con sus imágenes una industria que hoy mueve el mundo o, al menos, decide cómo vestirlo. Con los ecos de la dolorosa Segunda Guerra Mundial aún palpitantes, Gundlach encarnó a los optimistas que tomaron el arte como bandera para construir la estética de una época inigualable.
En los puritanos años 50 visitó París, donde todo empezaba ya a encaminarse hacia la escandalosa revolución que supuso la siguiente década. Allí, el joven Gundlach comenzó trabajando como fotoperiodista hasta que la moda llamó su atención. “Los desfiles eran mínimos, sin estilistas, ni maquilladores, con maniquíes, no modelos, pero me metí en ello porque era divertido y ofrecía muchas posibilidades creativas”, nos cuenta Gundlach desde su Fundación en Alemania, una galería y centro de investigación fotográfica responsable de que se vieran por primera vez en ese país a artistas como Avedon, Mapplethorpe o Eve Arnorld. “Además, la moda me permitía viajar por el mundo y enseñárselo a la gente en aquel tiempo previo al turismo de masas”. Un ejemplo, su viaje a Egipto en 1966, donde fotografió a modelos de esféricas cabezas frente a las puntiagudas pirámides, algo que no gustó demasiado a sus conservadores editores. “Hubo que contarle muchos cuentos a los funcionarios egipcios, y también a los jefes”, recuerda con una carcajada.

Comenzaba ya a dibujarse su estilo personal, ese en el que la moda es el pretexto para contar una historia. “Siempre he buscado la interpretación, que la ropa, la modelo y el entorno contaran algo, lanzaran mensajes. La moda es parte de nuestras vidas, nos guste o no. Y la fotografía siempre será un medio para desarrollar arte”. De ahí sus (rápidas) sesiones en plena calle, en vías de tren, junto a los primeros Mercedes Benz, retrato de una Alemania industrial en plena ebullición. “A finales de los 50, Berlín Oriental era el centro de la moda en Europa, se respiraba creatividad, pero todo acabó con un gran muro en 1961”, recuerda con nostalgia. Ese año fue también cuando retrató de manera más personal y sincera a su gran amiga y musa, Romy Schneider, de 23 años, de la que, dice, ya se intuía su trágico destino. De 1963 a 1983 Gundlach trabajó para la revista Brigitte, referencia en Europa, en la que reflejó el nacimiento del prêt-à-porter en los 60, la psicodelia de los 70 y la exageración de los 80. “Es la sociedad la que marca las tendencias, como esta época, en la que una revolución llamada Internet ha destruido fronteras para que la moda sea global y los localismos se esfumen”. 86 años de historia en la que confiesa tener un favorito: “Cristóbal Balenciaga. Nunca nadie hizo cosas tan bellas”.
La editorial Steidl edita The Photographic work, by FC Gundlach (65 €) www.steidlville.com.