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Ellen Von Unwerth: Bienvenidos a la casa de muñecas

Las buenas chicas malas de Ellen von Unwerth

A PROPÓSITO DE ELLAS
Ellen von Unwerth | Retrato de la ex modelo y fotógrafa (foto cedida por Ellen von Unwerth).
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Esta fotógrafa alemana ha enriquecido el imaginario de la moda y la publicidad con sus sensuales retratos y su belleza indiscreta. Así es la mujer que creció inspirándose en el circo, el cabaret y la magia.

PALOMA LEYRA | 17 DE ENERO DE 2012

Se abre el telón. Hay luces y sombras. Hay máscaras, telones, papeles pintados, sillas barrocas, humo, nocturnidad y alevosía. Y también mujeres que juegan, se ríen, fuman, comen, se visten, vienen o van. El erotismo y la fascinante ensoñación de las fotografías de Ellen Von Unwerth son como una función teatral, como historias interrumpidas en las que uno puede dejar volar su imaginación para adivinar lo que sucedió antes y lo que pasará después. Y además, son de una belleza insólita.

“No es la perfección lo que busco, sino la belleza”, dice Von Unwerth desde su estudio parisino. “Todos lo hacemos, es un impulso natural, sólo que a mí me interesa captar algo más emocional. La belleza a veces surge de la espontaneidad, de un movimiento, de una mirada, de una situación íntima. Es como revelar un secreto, pero a la vez, debe ser algo divertido”. Y es cierto, porque si hay algo que esta ex modelo que hoy es considerada una de las grandes fotógrafas del siglo XX ha logrado, es captar una belleza, abrir una ventana distinta al mundo de la moda, al retrato y también a la ficción. “Si tienes una historia que contar, es más emocionante y el resultado te intriga. Por eso procuro que haya algo sobre lo que pensar, algo para jugar”.

Probablemente su faceta lúdica encontró un buen caldo de cultivo cuando, siendo casi una adolescente, pasó un tiempo trabajando en un circo en Múnich. “Mi trabajo no era lanzar cuchillos, más bien presentar números de magia, ser la ayudante del payaso. Era un circo muy romántico, y allí pasé una de las épocas más bonitas de mi vida”.

Más tarde, cuando se disponía a entrar en la universidad, alguien le sugirió trabajar como modelo, y desde entonces pasó diez años al otro lado de la cámara, posando para otros fotógrafos como Helmut Newton u Oliviero Toscani. “Aunque ser modelo no es demasiado creativo, sobre todo cuando lo que te piden es que poses de una determinada manera, que no te muevas”, recuerda con cierta ironía: “Si hay algo que aprendí, fue lo que no quería hacer. Me gusta más la improvisación y el movimiento”.

Por eso cuando, durante una sesión como modelo en Kenia, su novio le dio una Leica y empezó a hacer fotos, sintió que a través del objetivo ella también podía contar historias. “La primera vez que lo hice sentí que aquel momento era esencial. Me proporcionaba el placer de mirar la realidad de otro modo, y de trasladarla a un instante”. Y no sorprende cuando cita, entre sus fotógrafos favoritos, a Jacques-Henri Lartigue, el fotógrafo francés que durante los años 20 y 30 nos brindó unas inspiradoras imágenes que también remiten a las emociones, la magia y el movimiento.

La felicidad y la fragilidad también son una buena aproximación a su obra. Cuando le preguntamos por sus iconos de belleza ella cita al instante a Marilyn Monroe y a Marlon Brando (“tenían un aire de fragilidad y tal vez tuvieron una vida extraña... a mí eso me resulta también muy atractivo”) o a pintores como Otto Dix y Egon Schiele y su maravillosa visión del universo femenino, así como cineastas (“Elia Kazan y su película El compromiso, con Faye Dunaway, es maravillosa...”) o las canciones de Marvin Gaye. La sensualidad, sin duda, es un elemento indispensable para entenderla, pero va más allá: “La elegancia definitivamente tiene que ver con la actitud. A veces ves a mujeres en París que van cargadas de prendas caras y todo rechina, mientras que un jamaicano puede resultar increíblemente elegante con una camiseta”). La ropa, obviamente no es la clave. Ella se ríe cuando recuerda que su juego favorito de pequeña era jugar con sus muñecas. “Tenía siete, y me pasaba la vida cambiándoles la ropa. Tal vez mi trabajo sea algo parecido, un juego de muñecas”.

Por último, le pregunto de qué manera le ha condicionado haber sido huérfana desde niña. Ellen, con naturalidad, responde: “Me ha enseñado a desarrollar un buen instinto para saber qué gente es buena para mí y con quienes de verdad conectas. Y también me ha ayudado a tener la mente más abierta, y esto creo que es un buen punto de partida”.

 

El libro, Fräulein, está editado por Taschen. Imágenes por cortesía de la galería Fahey/Klein Gallery de Los Angeles. (www.faheykleingallery.com)

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