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Doña Salma

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Salma Hayek | HARPERS BAZAAR
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Superados los cuarenta años, Salma Hayek, hermosa, honesta, talentosa y esposa de uno de los grandes de la moda, sigue luchando por su lugar en Hollywood y seduciendo a su paso. Por Stephanie Rafanelli Estilismo: Gabrielle Hackworthy.

STEPHANIE RAFANELLI | 09 DE ENERO DE 2013

"Damas y caballeros”, dice una pequeña voz tras la cortina de chifón y lentejuelas de los burros de ropa de Harper’s Bazaar, “por favor den la bienvenida” (sonido de tambores imaginario) “a la señora Pinault”. La niña de cinco años, autora de esta presentación, sale de su escondite con los brazos abiertos para presentar a su preciada estrella. La señora Pinault, Salma Hayek, da un paso adelante en el momento preciso: con una ceja arqueada, boca roja y manos en la cintura se da la vuelta como si fuese un pony de concurso envuelta en un vestido rojo mientras el pecho de su pequeño clon (Valentina, su hija con el CEO del grupo de moda y distribución PPR, Francois-Henri Pinault) se expande de orgullo. Luego, de repente, madre e hija sucumben a un ataque de risa que incluye abrazos que las convierten en una pequeña bola de exuberancia. De repente, Salma se levanta, sube las escaleras con sus pies descalzos y el vestido rozando el suelo y la intensidad de su pasión maternal se convierte frente a la cámara en deseo sexual, en un magnetismo espeso y expresivo. Su famoso cuerpo es sin duda típico de los cincuenta, la exagerada silueta fuera-dentro-fuera de Sophia Loren, Jane Mansfield, Jane Russell, en un envoltorio pequeño. “En aquel momento los estándares de belleza celebraban el cuerpo de la mujer como tiene que ser, con curvas”, proclama la actriz de 46 años, con una cadencia que sube y baja como las olas de su pueblo natal del Golfo de México.
“Recientemente hemos tenido que pelear contra nuestra naturaleza genética para vernos como algo que no somos, parecernos a pequeñas niñas para ser aceptadas como hermosas”, agrega con su textura vocal de terciopelo negro. “Yo era esa niña que no podía esperar a tener cuerpo de mujer. Ahora la meta es la regresión, vernos jóvenes y parecer prepúberes. No hay suficiente diversidad de formas corporales en la moda. La moda debería ser un arte que se pinte en diversos lienzos”.

Ahora Hayek está sentada, con sus tacones de Sergio Rossi a un lado, en el suelo, en un sofá del bar del lobby del Manhattan Mandarin Oriental. Lleva un collar de perlas y un minivestido de Stella McCartney (su esposo es propietario de esa marca y de Balenciaga, Alexander McQueen, Bottega Veneta, Sergio Rossi y de Saint Laurent Paris, bajo la nueva dirección de Hedi Slimane, "él es un genio y he oído de buena fuente que lo que está por salir es extraordinario"). "Claro que no creo que las mujeres deban pararse ante los diseñadores y decirles: ¡Tienes que hacerme brillar!", mientras habla me pone la mano en la pierna como un gatito que extiende su pata, "pero sí creo que no tenemos que dejar de ser saludables y matarnos de hambre para poder llevar un vestido", levanta los vuelos de su vestido y se toca el estómago con ferocidad. "Este vestido es perfecto porque lo cubre todo. También tengo un problema porque soy pequeña con senos grandes, soy copa D, a veces doble D, y tengo un cuello pequeño. Si no te pones algo pegado bajo ese cuello, tus pechos se adueñan de todo. Uso mucho escote porque si no lo abro parezco un Oompa Loompa; me pintan de verde y estoy en la fábrica de chocolate".

Un cuerpo tan compactamente sensual (adorado desde su actuación en 'Abierto hasta el amanecer' de Tarantino, en 1996) siempre ha sido una distracción acerca del verdadero poder de Hayek. Actriz y productora nominada al Oscar (peleó sin descanso durante años contra Madonna y Jennifer Lopez para interpretar a Frida Kahlo en Frida), directora y nominada al Globo de Oro (es responsable del éxito mundial de 'Ugly Betty') y embajadora de derechos humanos (ha hecho campañas para Unicef, preside la Fundación Salma Hayek y testificó en el Congreso americano por la revocación de Violence Against Women Act), en 2008 fue colocada en el puesto 17 de las 25 personas más inteligentes de la televisión que elabora Entertainment Weekly y ha sido calificada como "una de las mujeres más
inteligentes que conozco" por la sagrada Oprah Winfrey.
Salma es la exuberancia en un vaso de chupito, una mujer café cortado: llena de inteligencia, pasión, honestidad, ingenio y poder sexual en sus formas más concentradas y potentes. "Si fuese un hombre habría sido tan grande como Harvey Weinstein", me dice su amigo y co-protagonista en 'Frida', Alfred Molina. "Creo que es fácil subestimar a una persona hermosa y pequeña. Pero es peligroso hacerlo. A veces pienso que el mundo está repleto de hombres arrogantes que no tomaron a Salma en serio y que ahora están sentados en cuartos oscuros preguntándose qué pasó".
El análisis que hace Hayek de su carrera es de otro signo. "Es un milagro que aún esté trabajando", dice, "no creo que puedas estar en peor posición en Estados Unidos que siendo mexicana o árabe -mi padre es libanés- y en peor lugar que en Hollywood siendo una mujer de más de 40 años. Y a eso se le suma que tengo acento, soy disléxica, bajita y rellenita. Nombra cualquier defecto y lo tengo. Debo ser la mujer con más suerte del mundo por tener
trabajo".

Y trabajo tiene. Hace poco interpretó a Elena en Salvajes de Oliver Stone, una mujer de acero con una peluca con el corte de pelo de Cleopatra que es capaz de secuestrar y matar para mantener el control y el poder. "Hay mujeres que saben que serán parte de la Historia y crean personajes memorables. Sentí que Elena era una de estas mujeres. Creo que para sobrevivir en ese mundo tenía que crear un personaje externo de ella. Cleopatra tenía esa peluca que era su sello. Mujeres como Eva Perón o Frida Kahlo también encontraron poder en su look".
En la película Salma tiene el papel de carácter (eufemismo para decir mujer mayor), que Stone escribió para ella -"Estaba preocupado de que no pudiese hacerlo, que la maternidad y mi nueva vida me hubiesen suavizado, soy muy feliz" - mientras que Blake Lively interpreta a la protagonista y objeto del afecto de Aaron Taylor- Johnson y Taylor Kitsch. Pero no hubo rivalidad al estilo de Eva al desnudo. "Blake fue muy directa con su negativa a quitarse toda la ropa para las escenas de sexo. Me gustó cómo se defendió. Era un mundo masculino pero nos apoyábamos en el set, teníamos un club de chicas y las mujeres son mucho más poderosas cuando se juntan".
A la mesa llegan té verde, algas y dumplings. "Blake tiene las piernas más impresionantes que he visto. Se las miraba y pensaba ¿cómo será vivir con esas piernas? ¿La envidio? Claro que envidio esas piernas. ¿Deseaba que no las tuviese? Ni por un segundo. Esa es la diferencia entre envidia y celos". Menea en el aire los palitos como
si fuesen bastones. "Decimos: ¡Dios! Mira la boca de Angelina Jolie. ¿Es real? ¿Cómo sería tener esa boca? Cuando miras a Madonna... es mayor que yo y te digo que quisiera tener el cuerpo que tiene ella ahora. ¿Le agradezco a Dios que lo tenga? Claro. Si tienes más de 50
años y has trabajado toda la vida para verte así ¡lúcelo!".

Hayek no está interesada en opiniones pausadas y dichas con tacto, solo dispara, cualidad por la que sus interlocutores están atentos a cada palabra (mientras te mira a los ojos y suelta una parrafada sobre política, la maternidad o el amor). Tiene sentido que Robert Rodríguez la eligiese para interpretar a una encantadora de serpientes en 'Abierto hasta el amanecer'. Sí, fue una interpretación completamente masculina y poco imaginativa de los poderes femeninos de Salma, pero no es necesario tener el cromosoma Y para sentir su atractivo. El humor con que se refiere a sí misma, su voluntad, su posición pro-mujer, el candor emocional... estar con Salma resulta
una experiencia feminista y enriquecedora. Estar en su órbita te recuerda que hay mujeres con M mayúscula. Así que no sorprenderá que Hayek no se asuste fácilmente.
El año pasado recibió amenazas de muerte cuando llamó la atención sobre la negligencia policial en los homicidios masivos de mujeres en Ciudad Juárez, donde más de 700 fueron asesinadas entre 1997 y 2007.
Y 'Salvajes' no es precisamente delicada en su retrato de la violencia en México. Le pregunto si resaltar la brutalidad relacionada con el mundo de las drogas era un imperativo cuando aceptó hacer la película. "Tengo que ser honesta", dice con cautela, "no recibo tantas llamadas para trabajar con directores icónicos. Después de hacer 'Frida' pensé que las cosas cambiarían, que me ofrecerían buenos papeles, pero...

Sigue leyendo en nuestro número de enero 

 

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