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A de Anne

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Anne Hathaway | DAVID SLIPJER
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Para Anne Hathaway su papel en 'Los Miserables' es una ocasión única para seguir los pasos de su madre. La nueva sensación de Hollywood habla con Tom Shone sobre cumplir 30 y su boda secreta. Fotografías de David Slipjer. Estilismo Leith Clark

TOM SHONE | 27 DE FEBRERO DE 2013

"No soy Rihanna, no soy cool", dice Anne Hathaway sentada en el lounge del Hotel Pierre de Manhattan. "Cuando la gente se me acerca en la calle generalmente quieren un abrazo, no una foto, y lo quieren porque les gusta mi trabajo", hace una pausa. "Y... tal vez porque les gustan algunos de los vestidos que he usado en la alfombra roja".
Suelta una enorme carcajada que atraviesa la sala, hace que la gente se dé la vuelta y que deje sus tazas de café con una mirada que se pregunta ¿quién es esa? Vestida toda de negro -pantalones pitillo, camisola, un ínfimo collar de plata, uñas plateadas y poco maquillaje- Hathaway tiene una figura élfica, de niño, aunque esa impresión de fragilidad se dispersa con oleadas del buen humor que convoca para referirse a todo lo que pueda sonar presumido o ególatra. Es como un cruce entre un cervatillo y Bette Midler, o una Audrey Hepburn que se hubiese criado en una casa llena de chicos revoltosos. "A veces deseo poder rebajar a mi pasión, ser más calmada. Me dejo llevar por las cosas demasiado fácilmente. Doy todo, a veces sin pensar, en circunstancias en que pensar las cosas sería muy conveniente", pone los ojos en blanco. "A veces eso termina por tener consecuencias. Pero no sé ser de otra forma".

Todos sabemos que a Nueva York le sentaría bien unas risas. En el día en que nos vemos, Manhattan soporta su quinto día sin electricidad y agua después de que el huracán Sandy la sacudiera el fin de semana. Tras ser evacuada de su casa en Brooklyn, Hathaway está refugiada en casa de sus padres, en la parte alta de la ciudad, junto a su esposo, el actor convertido en joyero, Adam Shulman, y llega a nuestra comida en monopatín.
"Mi esposo y yo los compramos para movernos por la ciudad cuando nos dimos cuenta de que el sistema de transporte seguía sin funcionar", dice, disfrutando en silencio de la palabra esposo. La pareja aprovechó un momento entre la promoción de El caballero oscuro: La leyenda renace y Los Miserables para casarse en una ceremonia privada en Big Sur, California, en septiembre, rodeados de secoyas, pavos salvajes, venados y búhos, y con solo un helicóptero como transporte. Todo lo cuenta con felicidad de recién casada.
"Él entra en un lugar y yo soy feliz, no puedo evitarlo", dice. Mientras rodaba 'Los Miserables' en Londres, película en que se le pedía que se arrastrara por el fango de la desesperación, tuvo que desterrar a Shulman de su habitación, estaba demasiado feliz con él. "A los pocos días de empezar le dije: Me estoy divirtiendo demasiado, solo quiero jugar contigo y necesito estar muy triste ahora", levanta la ceja con efecto cómico.

Son necesarios unos minutos para acostumbrarse a la belleza de Hathaway, que es casi ideográfica. De cerca su rostro es un rolls royce de expresiones, esas facciones saltarinas registrando cada emoción al segundo, cada sonrisa brillante, y los ojos, que con solo un comentario, se llenan de tristeza o felicidad, como los de un buen payaso. "Los bordes de su boca se movían voluptuosamente, parecían pedir audacia, pero sus largas pestañas miraban directamente la parte baja de su rostro, como asegurándose de controlar sus tendencias festivas. Era armoniosa y encantadora. Era hermosa sin ser muy consciente de ello. Poseía dos tipos de belleza: estilo y ritmo". Ese es Victor Hugo describiendo a 'Fantine', la trágica heroína tuberculosa de su novela de 1862, 'Los Miserables', que desciende a la pobreza, a la enfermedad y finalmente muere, intentando mantener a su hija. La novela fue convertida en musical por Cameron Mackintosh en 1985 y ha sido adaptada al cine por el director de 'El discurso del rey', Tom Hooper, que contrató a Hathaway después de pasar revista a "una eterna lista de todo el universo femenino de Hollywood. La interpretación de Annie en I dreamed a dream fue lo que me persuadió de hacer la película con la música en vivo, en vez de diálogo. Había encontrado una forma de hacer un close up, olvidabas que estaba cantando. Fue extraordinaria".

Hathaway creció soñando con una carrera en Broadway y ha cantado en el Carnegie Hall. Su madre, Kate, una actriz de teatro, interpretó a Fantine, como suplente, cuando Hathaway era niña. "Si hubiese tenido que hacer una audición para un montaje de 'Los Miserables' en Broadway no habría pasado de la primera ronda", dice Hathaway, que trabajó durante seis meses con un profesor de canto para poder mantener su voz de escenario sin que su rostro se distorsionara en los primeros planos. "Llegó al set con carpetas llenas de investigación sobre la prostitución en el siglo XIX en Francia", dice Hooper. "Descubrió que era vigilada por la policía". Fue Hathaway quien insistió en cortarse el pelo y perder peso drásticamente para este papel: primero cinco kilos y luego, después de I dreamed a dream, otros ocho en catorce días... lo que despertó las alarmas en cuanto salieron fotos suyas en la prensa paseando esquelética junto con la información detallada de su dieta de hummus y rábano. "Intenté persuadirla de que no lo hiciera", dice Hooper, "pero sabía lo que quería hacer y...
Sigue leyendo en nuestro número de marzo. 

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