ARANCHA GAMO | 05 DE MARZO DE 2013
Sarah Burton no necesita demostrar nada, pues en su momento tomó el testigo de Alexander McQueen con una reverencia intachable. Pero por si todavía queda alguien que lo dude la diseñadora se reafirma, una vez más, como digna sucesora del desaparecido genio. Y lo hace revisitando la historia de Inglaterra de manera espectacular, pues este es el único adjetivo que puede definir una colección, que más que prêt-à-porter, parece alta costura.
Cada diseño es una obra de arte en sí mismo, y en ellos cobra vida la regia elegancia de la reina virgen, Isabel I Tudor. Apenas tres colores articulan toda la propuesta: blanco, dorado y negro -con toques plateados-, que se enriquece con suntuosos brocados, plumas y esa corsetería de herencia victoriana que forma parte del ADN de la casa.

¿En qué se traducen estas claves? En un catálogo de espectaculares gowns donde no hay cabida para la discreción. Golas al cuello, corsés como jaulas de plata, cristales y perlas bordados, y los rostros de las modelos envueltos en una celosía dorada. Voluminosas mangas que se deslizan por la anatomía femenina, vestidos tail hem con inmensos boleros de plumas, volátiles encajes... la enumeración de lujosos detalles no tiene fin.
Una regia oda a Alexander Lee McQueen.